Hay crónicas escritas con sangre cuya impronta desafía la frontera entre la realidad histórica y el mito más pavoroso. En la Galicia profunda del siglo XIX, la figura de Manuel Blanco Romasanta emergió como el primer asesino en serie documentado de España. Su historia encarna la transmutación definitiva del folclore en horror tangible, un enigma que transita entre la medicina forense, la superstición ancestral y una fría y calculada depredación humana. Examinamos el sumario judicial y los archivos históricos para desvelar la verdad detrás del hombre lobo de Allariz.
La Senda de Sangre: El Modus Operandi de Manuel Blanco Romasanta
Las Sierras de San Mamede y el engaño del buhonero
Manuel Blanco Romasanta desarrolló su actividad criminal entre los años 1843 y 1852, y dista mucho de responder a los impulsos caóticos de un psicótico desorganizado. Nos encontramos ante una predación racional, detallada y con un fin puramente utilitario. Su estrategia consistía en aproximarse a mujeres solas, viudas o madres con hijos pequeños que deseaban emigrar hacia las prósperas tierras de Castilla o Santander. Romasanta se ofrecía como el guía perfecto, el protector que las conduciría a través de los peligrosos pasos de montaña. Sin embargo, una vez que se internaban en los parajes más desolados de las Sierras de San Mamede y Montederramo, el buhonero consumaba su traición, ejecutando a sus víctimas mediante asfixia o traumatismo mecánico para, posteriormente, despojarlas de todas sus pertenencias.
El sumario de la Causa 1778 y la lista de víctimas
Su barbarie quedó registrada con escalofriante precisión en la célebre Causa número 1778, el sumario judicial que estremeció a la España de la época. A través de las confesiones del propio reo y gracias al hallazgo de pruebas materiales irrefutables, la justicia pudo reconstruir la suerte de las víctimas asociadas a su letal itinerario:
- Vicente Fernández: Alguacil de profesión, asesinado en el año 1843 en los Montes de Tremor de Abajo. Su cadáver fue hallado descuartizado tras haber intentado cobrar una deuda previa de 600 reales que el buhonero se negaba a pagar.
- Petra García: Una joven de apenas quince años de edad, asesinada en 1846 en el paraje de Malladavella de Redondela. Romasanta confesó su ejecución y procedió a la venta de las prendas de vestir de la víctima.
- Manuela García Blanco: Mujer de cuarenta y siete años, asesinada en 1846 en la inmensidad de la Serra de San Mamede. En Trives, los forenses hallaron su cráneo femenino.
- Benita García Blanco: Hermana de la anterior, ejecutada en el tétrico paraje conocido como Corgo do Boi. La prueba material asociada fue el hallazgo de un fragmento de su pelvis, específicamente el ilion derecho.
- Francisco: Un niño de tan solo diez años de edad, hijo de Benita, quien desapareció y fue asesinado en el mismo evento criminal en Corgo do Boi.
- Antonia Rúa Carneiro: Mujer de treinta y siete años, asesinada en 1850 en la Sierra de Montederramo. Romasanta vendió todo su patrimonio familiar por 600 reales antes de iniciar el viaje sin retorno.
- Peregrina: Una pequeña de tres años de edad, hija de Antonia, asesinada junto a su madre en las cumbres de Montederramo.
- María Dores: Niña de once años, también hija de Antonia, cuyo rastro se perdió tras seguir al buhonero por los senderos de la sierra.
- Xosé Pazos: Joven de veintiún años, asesinado en 1850 en el camino hacia Santander. Romasanta fue interceptado vendiendo la capa de lana del muchacho.
- Josefa García Blanco: Mujer de aproximadamente cincuenta años, asesinada en 1851 en la Sierra de Montederramo. En el momento de la detención del reo, se le incautaron las ropas de Josefa y una navaja de mango blanco que le pertenecía.
Resulta de gran interés destacar el rigor con el que actuó el sistema judicial de la época. A pesar del clima de histeria colectiva que rodeaba al caso, el tribunal supo distinguir con notable precisión la predación humana de la natural. Romasanta fue absuelto de cuatro muertes adicionales que inicialmente se le imputaban, cuando los peritajes de la época demostraron que dichos fallecimientos habían sido causados por ataques documentados de lobos reales que poblaban los montes gallegos.
A diferencia de la aristática crueldad que analizamos al estudiar a Erzsébet Báthory, la célebre condesa sangrienta que operaba bajo el amparo de sus muros de piedra, Romasanta actuaba a la intemperie, valiéndose de la inmensidad de los bosques y de una red de encubrimiento social sumamente efectiva. Investigaciones históricas de los hermanos Castro Vicente sostienen que el móvil de los crímenes era estrictamente económico y utilitario. Para asegurar su impunidad, el asesino contó con la complicidad indirecta de figuras como el párroco Pedro Cid, quien lo ocultó en la aldea de Golpellás, y un notario de Trives que, a sabiendas o no, le facilitó un pasaporte falso bajo la identidad de "Antonio Gómez", permitiéndole huir temporalmente hacia Toledo antes de su captura definitiva.
El Juicio de Allariz: Licantropía, Frenología y la Mente del Monstruo
La coartada de la maldición y la licantropía clínica
Desarrollado entre los años 1852 y 1853 en la villa de Allariz, el proceso judicial contra Manuel Blanco Romasanta constituye un momento fundacional para la psiquiatría forense en España. Frente a la abrumadora acumulación de pruebas físicas y testimoniales, el acusado optó por una estrategia de defensa tan audaz como perturbadora, que hundía sus raíces en el imaginario popular de su tierra natal. Romasanta declaró ante los magistrados que era víctima de una terrible maldición familiar que lo condenaba a convertirse en lobo en los montes de Couso. Según su testimonio, esta condena de licantropía clínica —ese delirio psiquiátrico en el que el enfermo se cree transformado en bestia— tenía una duración exacta de trece años.
Con una astucia psicológica extraordinaria, el reo afirmó ante el tribunal que dicha maldición había expirado precisamente la semana anterior a su interrogatorio. Este movimiento argumental estaba fríamente calculado: le permitía justificar ante los jueces la imposibilidad absoluta de realizar una demostración física de su transformación en la sala de vistas, al tiempo que intentaba eludir la responsabilidad penal de sus actos atribuyéndolos a una fuerza sobrenatural incontrolable.
El veredicto de la ciencia frente a la superstición
Los forenses de Allariz, sin embargo, no se dejaron seducir por el relato gótico del buhonero. Aplicaron los métodos científicos más avanzados de la época, como la frenología y la teoría de la monomanía. Su conclusión fue clara: el acusado era un individuo "perverso, no loco". Los peritos determinaron que Romasanta conservaba intacto su libre albedrío y una capacidad cognitiva plenamente funcional. Prueba de ello era su habilidad para falsificar cartas destinadas a los familiares de las víctimas, haciéndoles creer que estas se encontraban bien en sus nuevos destinos. El tribunal lo declaró culpable y lo condenó inicialmente a morir en el garrote vil. Este veredicto supuso un choque frontal. La ciencia ilustrada se enfrentaba a las creencias populares de una Galicia que aún debatía sus miedos en las tabernas y los hogares al calor de la lareira. Mientras los jueces dictaban sentencia basándose en la razón, el pueblo llano seguía viendo en Romasanta al Lobisome, una criatura maldita que escapaba a las leyes de los hombres. Un enigma que desafía las explicaciones convencionales, casi tanto como los misterios arqueológicos que duermen bajo las arenas del tiempo.
El Enigma de "Mr. Philips" y el Indulto de Isabel II
El braidismo y el interés científico de la Corona
Cuando el destino de Manuel Blanco Romasanta parecía sellado y la ejecución en el garrote vil era inminente, un giro novelesco alteró el curso de los acontecimientos. En el año 1854, la reina Isabel II firmó una Real Orden por la que conmutaba la pena capital por la de cadena perpetua. Esta clemencia real estuvo motivada por el extraordinario interés que la Corona y ciertos sectores científicos de la época habían desarrollado hacia el braidismo, lejos de cualquier consideración humanitaria.
Detrás de este engranaje se encontraba un misterioso personaje que figura en los archivos de la época bajo el nombre de "Mr. Philips". Los historiadores han logrado identificar a este individuo como Joseph-Pierre Durand de Gros, un célebre médico y filósofo francés exiliado en España debido a sus posturas políticas. Durand de Gros, un ferviente defensor de las teorías de James Braid sobre el poder de la sugestión, vio en el asesino de Allariz el sujeto de estudio perfecto. Su propósito distaba de salvar la vida del reo por compasión; buscaba someterlo a sesiones de hipnosis profunda para demostrar que los instintos criminales más atroces, derivados de afecciones cerebrales o monomanías extremas, podían ser corregidos y extirpados mediante la manipulación del estado de trance.
Desmontando el mito de Joseph Vázquez
Es necesario aplicar aquí un riguroso filtro anti-bulos para desmantelar una de las leyendas urbanas más extendidas sobre este episodio. Diversas publicaciones de corte sensacionalista han sostenido durante décadas la existencia de un tal "Joseph Vázquez", un supuesto hipnotizador belga que habría logrado hacer aullar a Romasanta como un lobo en presencia de la mismísima reina Isabel II en el palacio real. No existe un solo registro documental, diario de sesiones o correspondencia oficial que avale semejante puesta en escena teatral. La conmutación de la pena fue un trámite estrictamente administrativo y científico, gestionado a través del Ministerio de Gracia y Justicia, con el único fin de permitir que los alienistas de la época estudiaran la mente del criminal en un entorno penitenciario controlado. Este fascinante cruce entre la justicia, la ciencia de vanguardia y el mesmerismo nos sitúa en un territorio donde la mente humana se quiebra y roza los límites de lo inexplicable, un territorio que la parapsicología científica intenta desentrañar mediante el estudio de la conciencia y los estados alterados de la mente. Romasanta se convirtió, así, en un conejillo de indias de la naciente psiquiatría criminal europea.
El Destino Final: La Muerte en Ceuta y el Fin de la Leyenda
El fin del depredador en el presidio norteafricano
Durante más de un siglo, el paradero final de Manuel Blanco Romasanta tras su salida de la prisión de la Coruña permaneció sumido en una densa niebla de especulaciones. Abundaron las teorías que sugerían una espectacular fuga de la fortaleza, una ejecución secreta en los fosos del Castillo de San Antón o incluso su supervivencia bajo una identidad falsa en tierras americanas. Sin embargo, rigurosas investigaciones historiográficas del siglo XXI cerraron definitivamente estas lagunas documentales, aportando pruebas irrefutables sobre el verdadero final del hombre lobo de Allariz.
En el penal de Ceuta, la plaza fuerte africana donde cumplía su condena a cadena perpetua, el asesino en serie falleció el 14 de diciembre de 1863. Su deceso, causado por un adenocarcinoma gástrico, quedó registrado. Falleció en la penumbra de la celda a causa de esta dolencia. Lejos de la espectacularidad de las balas de plata o las transformaciones bajo el influjo de la luna llena, el depredador de las sierras gallegas encontró un final sumamente humano, consumido por la enfermedad en el más absoluto de los olvidos.
El hallazgo eclesiástico que cerró el misterio
Los investigadores localizaron la prueba definitiva que sepultó cualquier teoría de conspiración en el año 2011. Se trata del registro del "Cabo de Año" —la misa de aniversario por el alma del difunto— hallado en el Libro de Difuntos de la parroquia de Santa Olaia de Esgos, fechado en 1864. Este sufragio religioso fue costeado por su hermano Antón desde la localidad leonesa de Pola de Gordón, donde se había establecido. Este hallazgo eclesiástico concuerda con absoluta precisión con las crónicas de defunción publicadas en los diarios de tirada nacional La Esperanza y La Iberia en diciembre de 1863, que daban cuenta del fallecimiento del célebre reo en el presidio norteafricano.
Antropología del Espanto: El "Lobisome" y el "Sacauntos"
La maldición del séptimo hijo en el folclore gallego
El caso de Manuel Blanco Romasanta es de un valor incalculable para la antropología social, ya que escenifica el momento exacto en que el mito rural colisiona con la criminología moderna. Su figura sirvió para codificar y dar forma a dos de los miedos colectivos más profundos del campesinado gallego: el Lobisome y el Sacauntos.
- El Lobisome: En la rica mitología del noroeste peninsular, el hombre lobo se define como el resultado de un castigo moral o una maldición familiar que recae habitualmente sobre el séptimo hijo varón, desmarcándose de la idea de una transmisión viral por mordedura. Romasanta, plenamente consciente del pavor que esta figura inspiraba, instrumentalizó deliberadamente esta creencia ancestral para construir su coartada legal, sabiendo que en la mentalidad de sus vecinos la transformación en bestia era una posibilidad real y temida.
La tétrica farmacopea de la grasa humana
- El Sacauntos: Esta figura terrorífica del folclore ibérico hunde sus raíces en la tétrica farmacopea de la época. Durante el siglo XIX, la axungia hominis era un producto codiciado en el mercado negro de la medicina pseudocientífica. Los boticarios de la época llamaban así a la grasa humana purificada que cotizaba como remedio contra la tisis. Se creía que la grasa de niños y mujeres jóvenes poseía propiedades curativas extraordinarias contra la tuberculosis y otras enfermedades degenerativas. La ausencia total de los cuerpos de las víctimas de Romasanta alimentó el rumor de que el buhonero extraía el unto de sus víctimas para venderlo en grandes vasijas a las boticas de las capitales.
Al examinar con rigor el sumario judicial de Allariz, se desmiente categóricamente esta última creencia. No existe una sola evidencia física, testimonio contrastado o hallazgo de instrumental químico entre las pertenencias de Romasanta que sugiera la existencia de laboratorios de grasa humana o un comercio organizado de axungia hominis. El tráfico de unto fue una construcción mítica, una proyección del espanto de los vecinos de Ourense ante la imposibilidad de asimilar que un hombre de apariencia tan frágil pudiera hacer desaparecer a familias enteras por el simple y prosaico móvil de robarles unas monedas y unas prendas de vestir.
Este entrelazamiento de mitos y realidades se hace especialmente palpable en una Galicia profunda donde el culto a la muerte y el ancestral origen de todos los santos se funden con ritos de protección contra los espíritus que habitan los bosques. Al igual que las leyendas de espectros que vagan por las ruinas de la fortaleza de Moya en busca de redención, la sombra de Romasanta sigue recorriendo los senderos de Montederramo, proyectando la idea de que los verdaderos monstruos caminan entre nosotros con apariencia humana. Si deseas profundizar aún más en estos archivos prohibidos y descubrir los secretos que la historia oficial prefiere ignorar, te invitamos a unirte al Cripta Club para acceder a investigaciones exclusivas y contenidos sin censura.
Preguntas Frecuentes (FAQ)
¿Existió realmente el hombre lobo de Allariz?
Sí, existió bajo la identidad real de Manuel Blanco Romasanta. Sin embargo, no se trataba de una criatura sobrenatural, sino del primer asesino en serie documentado en la historia de España, quien utilizó la leyenda del hombre lobo como una calculada estrategia de defensa durante su juicio.
¿Qué enfermedad padecía Manuel Blanco Romasanta?
La antropología forense moderna sugiere que Romasanta padecía pseudohermafroditismo femenino por hiperplasia suprarrenal congénita. Esta condición intersexual explicaría su baja estatura, sus rasgos andróginos y una posible agresividad derivada de la producción masiva de andrógenos durante su juventud.
¿Cómo murió realmente Manuel Blanco Romasanta?
Romasanta falleció el 14 de diciembre de 1863 en el penal de Ceuta a causa de un adenocarcinoma gástrico, un cáncer de estómago. Su muerte está plenamente documentada en los registros parroquiales de su localidad natal y en las crónicas de prensa de la época, descartando cualquier teoría de fuga.
¿Es real el mito del sacauntos en este caso?
No en lo que respecta a Romasanta. Aunque en el siglo XIX existía un mercado negro de grasa humana para usos medicinales, el sumario judicial demostró que el móvil de Romasanta era el robo de bienes y ropas. El mito del sacauntos fue una explicación popular ante la desaparición de los cuerpos.