12 de julio de 2026 2 min lectura Por creepypasta.com

El ritual de la tienda de conveniencia

Sube a cualquier autobús de pasajeros que recorra una larga distancia. Uno de esos trayectos que superan las veinticuatro horas en carretera. Consigue un asiento junto a la ventana que mire hacia el oeste. Clava la mirada en el sol y espera al atardecer. Justo antes de que el disco solar toque el horizonte, cierra los ojos. Con fuerza. No te des la vuelta. No mires nada más. Tápate los oídos si hace falta. Tras un silencio prolongado, notarás que el autobús se detiene por completo. Esa es la señal para abrir los ojos. Al abrirlos, verás una estación de servicio iluminada apenas por unos tubos fluorescentes que parpadean. No habrá sol, ni luna, ni estrellas en el cielo. Solo oscuridad. Las ventanas de la tienda de conveniencia estarán cubiertas con tablones de madera, pero el cartel luminoso dirá: ABIERTO. Si sientes que no puedes continuar, regresa al autobús. Vuelve a tu asiento y duérmete. Despertarás con el amanecer del día siguiente, avanzando hacia el destino original de tu viaje. Pero si decides entrar en la tienda, la puerta se cerrará de golpe a tus espaldas. Pasarás allí dentro un tiempo indeterminado, atrapado en un espacio donde tus peores pesadillas tomarán forma física. Si logras sobrevivir a la prueba sin perder la cordura, despertarás de nuevo en el autobús justo cuando este llegue a su destino. A partir de ese instante, nada volverá a causarte temor. Hay quienes afirman que, tras superar este calvario, cualquier otro horror resulta insignificante. Otros sostienen que el interior de ese local concentra todo el pánico que estabas destinado a sentir durante tu existencia; consumirlo todo de golpe te vuelve inmune al miedo para siempre. Sin embargo, esto solo se puede intentar una vez. Y existen ciertas excepciones a esta regla...