24 de agosto de 2026 • 3 min lectura • Por El Cronista

El naufragio de Carlos I: hallan el Blessing of Burntisland y el origen de una trágica caza de brujas

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titulo: "El naufragio de Carlos I: hallan el Blessing of Burntisland y el origen de una trágica caza de brujas"

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meta_title: "El naufragio de Carlos I y la condena de 19 mujeres"

meta_description: "Localizan en el estuario de Forth los restos del Blessing of Burntisland, el buque del rey Carlos I cuya tragedia desató la ejecución de 19 mujeres."

estado: "borrador"


Un grupo de investigadores escoceses vinculados al proyecto Charles Wrex ha localizado en las profundidades del estuario de Forth el pecio del Blessing of Burntisland. La embarcación real se hundió en julio de 1633 mientras transportaba una fortuna acumulada en lingotes de oro y plata cuyo valor actual supera los 20 millones de dólares. Entre las riquezas depositadas en su bodega figuraba una vajilla dorada de 280 piezas encargada en su momento por Enrique VIII.

El desastre ocurrió a la vista del propio monarca Carlos I, quien presenciaba el traslado de sus pertenencias desde la cubierta de otro buque de la flota. En cuestión de minutos, el barco cedió y se fue al fondo con 35 ocupantes a bordo, de los cuales casi ninguno logró sobrevivir. La nave quedó sepultada bajo gruesas capas de lodo a menos de una milla de la costa escocesa, donde permaneció ilocalizable durante siglos.

Incapaz de aceptar que la pérdida de sus bienes respondiera a un simple golpe de mal tiempo, el monarca atribuyó el hundimiento a una conspiración demoníaca. Aquella sospecha desencadenó una persecución feroz en la comarca de Lancashire. Diecinueve mujeres fueron detenidas bajo el cargo de haber invocado tormentas mediante hechicería para echar a pique el navío; tras ser procesadas por las autoridades, terminaron ejecutadas en la hoguera.

Los análisis técnicos recientes desmontan cualquier hipótesis sobrenatural sobre el incidente. Las estimaciones de peso indican que la embarcación acumulaba un exceso superior a las cinco toneladas en metales preciosos y objetos de valor. Esa sobrecarga rebasaba con creces el límite estructural del navío, lo que provocó que volcara al recibir el embate de la primera ola de consideración.

Para fijar la posición de la estructura bajo el lecho del río, los investigadores emplearon un radar de penetración submarina. Una vez localizadas las coordenadas exactas, el equipo logró extraer una pequeña muestra de madera con el fin de someterla a pruebas de laboratorio. Los análisis científicos en marcha buscan confirmar de forma definitiva la identidad del buque antes de programar los trabajos de recuperación del tesoro.