
En plena Michigan Avenue de Chicago destaca un inmueble cuya construcción se remonta a 1893, diseñado para dar cabida a los visitantes de la Exposición Universal Colombina. El Congress Plaza Hotel & Convention Center conserva la arquitectura refinada de la Edad Dorada que albergó a diversos mandatarios estadounidenses y personalidades internacionales. Sin embargo, tras sus salas ornamentadas se esconde un historial de crónicas inquietantes que lo han situado entre las ubicaciones más señaladas del folclore paranormal del país.
Durante este mes de octubre, la Sala Dorada del recinto abrirá sus puertas para acoger el espectáculo musical titulado «Candlelight: Una noche embrujada con clásicos de Halloween». La cita convoca a un cuarteto de cuerda que ejecutará su repertorio en la penumbra, rodeado por la luz de miles de velas. El programa seleccionado combina composiciones clásicas de corte sombrío, como Danse Macabre de Camille Saint-Saëns y Una noche en el Monte Calvo de Modest Músorgski, junto a pasajes sonoros conocidos de la cultura popular, entre los que figuran los temas centrales de El exorcista, Psicosis, Stranger Things y Beetlejuice.
El ambiente acústico de la estructura original dialoga de forma directa con la memoria turbulenta del lugar. Registros y testimonios locales señalan que H. H. Holmes, documentado como el primer asesino en serie de Estados Unidos, frecuentaba el vestíbulo para abordar a sus víctimas bajo las lámparas de araña del edificio. A esa crónica se suman los relatos sobre avistamientos del gánster Al Capone en los corredores silenciosos, así como las perturbaciones atribuidas a la Torre Sur, señalada habitualmente por sus repentinos bajones de temperatura, voces incorpóreas y sombras sin origen visible.
La lista de presencias mencionadas por empleados y visitantes incluye figuras con denominación propia, tales como el «Hombre de las Sombras» o la entidad conocida como «Peg Leg Johnny». En la planta 12, los relatos suelen asociar las sensaciones de pesadez a la presencia del espíritu de un niño. No obstante, los episodios inexplicables de mayor intensidad quedaron vinculados a dos estancias concretas: las habitaciones 209 y 666. En ambos cuartos, la reiteración de fenómenos anómalos llevó a la gerencia del establecimiento a clausurar los accesos y sellar las puertas desde el pasillo.